Opinión

¡Te presto mis zapatos!

Por: Juan Alberto Valdez ~ Educador y Político.

Con el paso de los años se ha puesto de moda juzgar a los demás, un ejercicio mediocre, que resulta muy atractivo, fácil, placentero, y hasta beneficioso para algunos individuos; sin embargo, para los que son víctimas de ese vulgar, aberrante y mezquino acto, es bastante destructivo, cáustico y pernicioso. No soy de la clase de personas que se define por los comentarios de los demás, si algo tengo bien claro es quien soy, lo que usted piense de mí, es su problema, no el mío; no obstante, todo el mundo no posee la capacidad de discernir entre opiniones capciosas, y su verdadera realidad. Para muchas personas esas críticas aviesas, se convierten en un elemento perturbador, e incluso un determinante de suma importancia en su forma de actuar y relacionarse con los demás.

Estoy consciente de que cada uno percibe el mundo de una manera distinta; basados en esa visión, en nuestros gustos, vivencias, aprendizajes, educación y costumbres, idealizamos a las personas. No somos capaces de entender que cada uno tiene una realidad distinta, no somos quienes para juzgar a los demás, lo que hace que el mundo sea un lugar realmente interesante es esa rica diversidad de personalidades. Sería bastante aburrido, si todos pensáramos lo mismo, si nos comportásemos igual, si contáramos las mismas historias, si nos gustara lo mismo; fuéramos seres muy predecibles, dejando poco o nada a la imaginación.

Sé que este no es un tema que acabo de descubrir, pero me ha llamado sobremanera la atención, el análisis de saber que es lo que pasa, para que los procesos de crecimiento y éxito de muchas personas en la sociedad, exacerbe la crítica y el enjuiciamiento. «Te presto mis Zapatos», una frase que hemos acuñado durante más de medio siglo; un apotegma que encierra en sí misma, deseos de empatía, solidaridad y tolerancia. En reiteradas ocasiones nos apresuramos a despotricar e increpar a nuestro prójimo, sin saber cuáles han sido las circunstancias, por las que se comporta de tal o cual manera, ante esa cruda realidad, te recomiendo que si no vas aportar nada relevante a la vida de esa persona, al menos no destruyas, no hagas daño, y recuerda que las palabras son espadas de doble filo.

Estos juicios de valor se arman por razones inherentes a la cultura de cada quien, a cuestiones básica de educación y a los valores que nos han sido inculcados en nuestras familias. Un juicio es una opinión, un parecer, una valoración que alguien efectúa acerca de algo o alguien, y a partir de la cual una persona determina cuando algo es bueno o malo, cuando es verdadero o falso o cuando es confiable. Por supuesto, todos esos juicios son absolutamente individuales y desde la subjetividad, por lo tanto, no son verdades absolutas. Sin embargo el mundo esta tan radicalizado que nos estamos dedicado a creer que la única verdad que vale es la de cada quien. La propia, la mía y de nadie más.

Estamos siempre prestos para señalar a las personas que exhiben ciertos logros, sin saber cuáles han sido las penurias que tuvieron que pasar para llegar a donde están. Los triunfos no caen del cielo, todo cuesta trabajo y sacrificio. El camino al éxito es realmente largo, angosto y lleno de muchas dificultades, quienes han escalado peldaños en la sociedad, es porque de alguna u otra manera han pagado el precio por ello. No te prestes para desmeritar, opacar y deslucir con palabras corrosivas los logros de los demás, sin antes conocer sus raíces.

Para finalizar, es evidente que las personas se dejan llevar de las apariencias y emiten juicios de valor, sin antes averiguar tu trayectoria, tus previos fracasos, tus miedos, tus sacrificios; te juzgan aun sin saber las veces que te acostaste de madrugada estudiando para obtener buenas calificaciones, o tal vez, que dolorosamente tuviste que alejarte de tu familia con el único objetivo de perseguir tus sueños. Esas críticas no definen quien eres, no dicen nada de ti, pero si dicen todo de ellos. Sigue adelante que aún te espera cosas mayores, no te distraigas… Al que juzgue tu camino, préstale tus zapatos.

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