¡No confíes tus hijos a nadie!
Por: Rubén Geraldo Bautista
Hay noticias que estremecen la conciencia colectiva y nos obligan a replantearnos verdades que dábamos por seguras. El caso de la menor Brianna Genao González, ocurrido en Puerto Plata, es uno de ellos. No solo por la crueldad del hecho en sí, sino por lo que revela: el peligro no siempre está fuera del hogar, ni viene de manos desconocidas.
Según informaciones de los medios su propio tío habría confesado ante las autoridades haber abusado sexualmente y asesinado a la niña. La sola posibilidad de que un crimen de esta magnitud provenga del entorno más íntimo resulta devastadora. La familia, espacio que debería ser sinónimo de protección, se convierte aquí en el escenario de la traición más absoluta.
Culturalmente hemos aprendido que los niños están seguros con “gente conocida”, con tíos, primos o vecinos cercanos. Sin embargo, las estadísticas y los hechos demuestran una y otra vez que muchos abusos y crímenes contra menores ocurren precisamente dentro de círculos familiares o de confianza.
Yo como tío nunca he sido muy “pegajoso” con mis sobrinas, y no es por inseguridad psicológica o emocional, si no que siempre he creído que las niñas deben ser respetadas y no debe ser tocadas por hombres.
No se trata de promover el miedo irracional, sino de asumir una vigilancia responsable. Proteger a los niños implica escucharlos, creerles, observar cambios en su comportamiento y educarlos para que sepan identificar y denunciar situaciones inapropiadas, incluso y sobre todo cuando provienen de alguien cercano.
La búsqueda incansable del cuerpo de Brianna, el despliegue de unidades de rescate y la investigación en curso reflejan el esfuerzo del Estado por esclarecer los hechos. Pero ninguna investigación devolverá la vida a una niña ni reparará el daño emocional causado a su familia y a todo un país que se encuentra asombrado con la lamentable noticia de que un tío fue quien cometió el delito.
Este crimen debe servir como un llamado urgente a la sociedad. La protección de la niñez no admite descuidos. No basta con amar a nuestros hijos; debemos defenderlos activamente. Porque cuando fallamos en cuidarlos, el precio es demasiado alto y la herida queda marcada para siempre.
SOBRE EL AUTOR
El autor es licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), locutor certificado por la CNEPR, y posee una maestría en Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas (RR.PP.) en la UASD. Además, es estudiante de Derecho en la misma institución.






