Opinión

El difícil camino del ser tú mismo

Por: Deybis García de la Rosa 

Vivimos en una época espinosa. Basta con escuchar una conversación en la calle para darse uno cuenta de algo que está en tendencia: la gente no quiere construir su propio pensamiento. Pareciera que es mucho más cómodo, más seguro y menos agotador adoptar el pensamiento tomado de las redes sociales, por poner un caso, que forjar uno propio. Sin embargo, la historia y la psicología nos advierten que la opinión de todo el mundo no siempre es la mejor opinión.

En 1950, Solomon Asch, psicólogo y analista, realizó una serie de experimentos del comportamiento humano llegando a la conclusión de que  la presión social puede anular nuestra percepción de la realidad. En sus estudios, los participantes coincidían, uno tras otro, con las respuestas erróneas de los actores del grupo. El estudio de Asch reveló una verdad incómoda: la gente acepta algo erróneo solo porque lo dice la mayoría.

La fuerza del grupo es tan fuerte que ya no somos capaces de saber qué es lo que somos o qué es lo que queremos. Este cambio del «yo auténtico» por un «nosotros falso» tiene graves consecuencias. La opinión del grupo nos influye tanto que, la mayoría de las veces, bajamos la cabeza para no sentirnos excluidos.

Los políticos, a menudo, se aprovechan de esta falta de amor propio. Saben que un individuo que cuestiona es peligroso, mientras que una mayoría que asiente es manejable. Por eso utilizan los medios masivos de información para propagar información falsa sobre la situación del país. Ellos, más que nadie, saben que los miembros de un grupo cambian sus pensamientos por el pensamiento de la mayoría, no por convicción, sino por miedo al aislamiento.

Llegar a ser auténtico no, es para nada, tarea sencilla; de hecho, el poeta E. E. Cummings lo definió de la siguiente manera: «No ser nadie más que tú mismo, en un mundo que está haciendo todo lo posible, día y noche, para hacer que tú seas alguien distinto, significa luchar la más dura batalla que cualquier ser humano pueda enfrentar»

Ralph Waldo Emerson, figura central del trascendentalismo, nos recordaba que el premio de esta batalla es incalculable: «Ser tú mismo en un mundo que constantemente intenta hacerte algo diferente es el mayor logro.»

Incluso íconos de la cultura popular, que vivieron rodeados de multitudes, sintieron la necesidad de recorrer este este camino. Marilyn Monroe, por ejemplo, confesó una vez: «Estoy intentando encontrarme a mí como persona, a veces eso no es fácil de hacer». Y es que la búsqueda de la identidad requiere autoestima. ¿Pero dóndeencontrar personas que se quieran hoy en día para que, a su vez, puedan querer a los demás? Como bien señaló la filósofa y escritora Ayn Rand: «La persona que no se valora a sí mismo, no puede valorar nada ni a nadie».

Para entender a fondo la dinámica entre las personas y suinclinación a estar siempre de acuerdo con el grupo debemos acudir a Friedrich Nietzsche. Este pensador alemán revolucionó la filosofía occidental al criticar la moral establecida, abogando por la superación del ser humano hacia algo más elevado. En su obra Humano, demasiado humano, Nietzsche escribió: «Los individuos están sometidos a una fuerte presión para convertirse en un animal de rebaño diminuto, ridículo y mediocre cuya única aspiración es complacer las necesidades de sus semejantes siendo solo una triste sombra de lo que podría llegar a ser».

Nietzsche profundiza en esta idea dividiendo a la humanidad en tres categorías. Por un lado, están los espíritus libres, estos son capaces de crear sus propios valores morales, están por encima de la cultura, tienen proyectos, no sé vengan. Por otro, está el rebaño, la gran masa que sigue la corriente por inercia y seguridad, dicen sí siempre. Y finalmente, describe la moral de los esclavos, aquellos son resentidos, vengativos y se sienten moralmente mejores que todos. Estos últimos son los peores de todos. 

El filósofo alemán sabía que separarse del grupo tiene un coste emocional alto. Como el mismo Nietzsche advirtió:«El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.»

Al final del día, la decisión es tuya. Puede seguir siendo quién eres,  seguir la corriente, asentir cuando no estás de acuerdo; o puedes emprender este camino difícil de la serenidad y la autoafirmación, que, en última instancia, es el camino de la felicidad.

Ser tú mismo será una de las cosas más difícil que tendrás que aprender en tu vida y también será una la más importante, pero no lo sabrás hasta que lo experimentes y te acuerdes de mí. 

Este camino requiere de mucho esfuerzo y tiempo; Sin embargo, puedes empezar por dar pequeños pasos como los siguientes: no ir donde no te invitan, dejar de apoyar a gente que no es recíproca, alejarte de las bebidas alcohólicas y de las drogas; dejar de actuar para el público, no mentir -ni a las personas ni a ti mismo-, no buscar encajar en ningún lado, no decir sí cuando en realidad quieres decir no -o viceversa- y escuchar tú voz interior sin miedo. 

Después de un tiempo -sin importar cual sea tu ideología- cuando sepas quién eres y lo que quieres, entonces mantente firme. Haciendo todo esto, quizás muchas personas que aprecia se alejan de ti; pero esto va a abrir el camino necesario para que la persona adecuada llegue.

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