Opinión

El favoritismo como raíz cultural

Por Alidio Delgado Aybar 

A lo mejor jamás se han preguntado, ¿Qué tienen en común un padre que le da una ventaja a un hijo sobre otro y un político que beneficia a sus allegados con contratos públicos? La respuesta es “El Favoritismo”.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua lo define como la preferencia por alguien o algo basada en razones personales, como la amistad, y no en el mérito o en la justicia.

En algunos estudios sociales es definido la inclinación o preferencia hacia una persona o grupo por encima de otros, basándose en lazos personales (familiares, de amistad, políticos) en lugar de en el mérito o la imparcialidad.

El favoritismo es una práctica cultural que, al extenderse de la familia a la política, daña la igualdad de oportunidades y obstaculiza el desarrollo integral de los ciudadanos y la nación.

El Favoritismo en la Familia y la Comunidad.
En las santas escrituras, en el libro de Genesis capítulo 37, nos encontramos con un ejemplo claro de favoritismo en el seno familiar e inclusive algunas consecuencias de lo que este fenómeno pudiera generar, «y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podía hablarle pacíficamente.» (Génesis 37:3-4)
El favoritismo de Jacob desencadena una serie de eventos catastróficos. Los celos de los hermanos se vuelven tan intensos que deciden deshacerse de José, vendiéndolo a unos mercaderes como esclavo y mintiendo a su padre, haciéndole creer que había sido devorado por una fiera.

Si ampliamos el concepto a la comunidad, los ejemplos son aún mayores, allí este es acompañado otros conceptos lingüísticos para definir su función, “compadrazgos”, “Amiguismo”, “este es el mío” etc. Donde los favores se realizan por una conexión emocional y personal evadiendo las capacidades de los sujetos. En nuestra sociedad, la práctica común de estas acciones le dan un sentido de naturalidad y solidaridad normalizando la idea de que los beneficios se obtienen a través de las relaciones y no del esfuerzo o las reglas justas.

De la Familia al Palacio
«Lo que vemos en la casa, se repite, pero a lo grande, en el Gobierno». A esas acciones de favoritismo en el estado, se le dan nombres de alta cuna como Clientelismo y Nepotismo. La lógica es la misma: el líder o el político se comporta como el «padre», y los ciudadanos o grupos cercanos a él se convierten en los «hijos favoritos» que reciben beneficios especiales. Los recursos del Estado, que son de todos, se convierten en la «túnica de colores» que se distribuye de manera desigual, creando una red de lealtad artificial que no se basa en el bien común, sino en la conveniencia personal.

Ese favoritismo, que parece tan de la casa, no se queda ahí. Se va a la política y al gobierno, y es justo ahí donde el daño se vuelve de todos. Lo más peligroso es que le da un batazo a la meritocracia, que no es más que el valor de tu esfuerzo y tu capacidad. Cuando los puestos se reparten por un «compadre» o por «el hijo de alguien», los más preparados y los más honestos se quedan sin su oportunidad. Y esto al final nos afecta a nosotros, los de a pie, porque terminamos con funcionarios que no sirven para nada, servicios públicos de mala calidad y un gobierno que no hace su trabajo. No por gusto es que a veces sentimos que, no importa cuánto nos esforcemos, el sistema siempre ayuda a los mismos.

Este patrón de favoritismo también crea una profunda desigualdad de oportunidades. Es un círculo vicioso que no rompe nunca. Si usted no tiene las «conexiones» o el «padrino» en el lugar que es, no puede acceder a beneficios, a un buen trabajo o a servicios de manera justa. Eso no solo le causa una frustración, sino que nos deja un sistema donde el que tiene lo sigue teniendo, y el que no, siempre se queda atrás. La gente pierde la fe en las reglas y se acostumbra a que los favores son la única forma de echar pa’lante.
No podemos hablar de nepotismo y clientelismo sin traer a colación el caso que ha sacudido la opinión pública dominicana: las acusaciones del Ministerio Público contra Juan Alexis Medina Sánchez, hermano del expresidente Danilo Medina. Según la acusación del «Caso Antipulpo”, Alexis Medina supuestamente lideró un entramado que utilizó su conexión familiar para beneficiarse con contratos millonarios del Estado, en diversas instituciones.

Es el ejemplo más claro de cómo el favoritismo familiar puede ser usado para enriquecerse de forma ilícita, valiéndose del poder político. Las empresas de Medina, sin importar su capacidad real, supuestamente obtenían contratos a través de un «tráfico de influencias» que les aseguraba el éxito en las licitaciones públicas. Los recursos que debieron ser usados para construir hospitales, carreteras o escuelas, se desviaron para el beneficio de un pequeño grupo, demostrando que el favoritismo, sea en la familia o en el Estado, siempre termina dañando a la mayoría.

En conclusión, el caso de Alexis Medina nos demostró lo que ya sabíamos, pero no queríamos ver: el favoritismo nos está costando caro.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba

No puede copiar el contenido de esta página
You cannot copy content of this page

Protected by Copyscape