¿Llegaré a los 60?

Por: Ruben Geraldo Bautista
Hace un rato crucé la línea de los treinta años. Treinta vueltas al sol. Tres décadas de experiencias, aprendizajes, cambios y, por qué no decirlo, también de pensamientos sobre el futuro y de preguntas. Una de ellas me ha rondado insistentemente en los últimos días, al ver la felicidad y las anécdotas contadas por algunas personas que han llegado a esa etapa, a pesar de las situaciones de la vida: ¿llegaré a los 60?
No es una pregunta hecha desde el dramatismo ni el pesimismo, sino una reflexión sobre el ritmo de vida que llevamos. Nuestra generación vive deprisa; queremos que las cosas sucedan al instante, sin esperar el tiempo adecuado. Tenemos hambre de ser lo que aún no somos: exitosos, ricos, poderosos, con el mundo a nuestros pies. Además, buscamos convertirnos en modelos de consumo: si tú compras un vehículo, yo quiero uno mejor. Nos dejamos seducir por la vanidad, y esa ambición constante está llenando nuestros días de estrés, de emociones negativas que no sabemos procesar y que terminan afectando nuestra salud física y mental.
Otro factor es la vida llena de excesos que hemos adoptado: fiestas, alcohol, comida en exceso y altas velocidades en la carretera.
Mis abuelos vivieron sin lujos. Solo se preocupaban por tener comida en la mesa. Vivían el día a día, y todos fallecieron después de ocho décadas. Ellos tenían ventajas que nosotros no: su alimentación era más orgánica y rica en nutrientes, pero, sobre todo, vivían sin el estrés y la mortificación de no tener lo que otros sí. Eso que muchos podríamos llamar la verdadera felicidad.
Dicen que los 60 son los nuevos 30, pero llegar allí hoy es complicado, a pesar de los avances de la medicina y el aumento de la esperanza de vida en términos estadísticos. Me pregunto si estamos cuidando lo que verdaderamente importa: la salud mental, el equilibrio emocional y el descanso, que son fundamentales para vivir más. Y, sin embargo, los estamos sacrificando por nuestras ambiciones.
Esta sociedad nos exige mucho, pero pocas veces nos enseña a parar, a escuchar nuestro cuerpo y nuestra mente, que son el eje de nuestra existencia. Aprendamos a esperar nuestro momento, y no vivamos una vida tan acelerada.
Así que sí, este escrito nace de la inquietud, pero también de la conciencia. No sé si llegaré a los 60, nadie lo sabe. Pero hoy, con treinta años y más, estoy tratando de vivir con más calma. Aunque existen factores que no controlo, estoy viviendo con más sentido, prestando más atención a lo que realmente importa. Porque tal vez la clave no sea llegar, sino cómo transitamos el camino.
Cada vez que veo a una persona contando con alegría que tiene 60 años o más, me siento regocijado al ver que, a pesar de las adversidades, sí se puede transitar este mundo y lograr lo que se quiere.
SOBRE EL AUTOR
El autor es licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), locutor certificado por la CNEPR, y posee una maestría en Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas (RR. PP.) en la UASD. Además, es estudiante de Derecho en la misma institución.





