Prisión mental: un peligro sin rejas
Por: Rubén Geraldo Bautista
La tragedia ocurrida en Naco, donde una persona perdió la vida y varias resultaron heridas, es una de las razones por las cuales realizo este análisis.
Muchos acontecimientos como este me hacen pensar que nuestro cerebro está sobrecargado y necesita relajarse un poco más. A menudo, nos afanamos por luchar por el futuro, pero el domingo, en el curso que estoy realizando, una maestra me dijo: “El futuro es ahora. Cada segundo surgen cosas nuevas que, al instante, se convierten en pasado”. Y es precisamente eso lo que muchas personas aún no comprenden.
Vivimos en un mundo donde las cadenas ya no siempre son de hierro ni los barrotes visibles. Existen cárceles invisibles que pueden ser aún más poderosas, y una de estas es la prisión mental. Esta no tiene paredes, policías ni militares, pero puede llegar a ser peor que una cárcel como el CECOT de Bukele en El Salvador, porque te encierra, te limita y te consume silenciosamente.
La prisión mental se construye a partir de muchos factores: el miedo, traumas de la infancia, adicciones, trastornos mentales u otras situaciones que influyen en la vida cotidiana.
Actualmente, muchas personas caminan por la vida con la mente amarrada, convencidas de que no tienen propósito ni valor en este mundo. Llegan incluso a perder el amor por la vida y por los demás. En algunos casos, un poco de afecto puede ayudar, pero para eso hay que saber observar y prestar atención.
Otros dicen: “Yo siempre he sido así y a mí hay que quererme como soy” o “A mí nadie me cambia”. Grave error. Estos pueden llegar a ser síntomas de que te encuentras en esa cárcel mental, una prisión en la que puedes llegar a permanecer condenados hasta nuestro último día, si no buscamos ayuda profesional o escuchamos a quienes desean apoyarnos.
La prisión mental se puede derrumbar, pero para lograrlo, debemos primero reconocer que existe, cuestionar nuestros pensamientos y examinar aquellas actitudes que afectan negativamente a los demás. Muchas personas que hoy enfrentan serios problemas de salud mental pudieron haberlos resuelto a tiempo, pero el miedo a hablar de sus situaciones los llevó a un colapso del que no pudieron salir.
Una mente libre no solo vive mejor, sino que también inspira a otros a mejorar.
SOBRE EL AUTOR
El autor es licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), locutor certificado por la CNEPR, y posee una maestría en Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas (RR. PP.) en la UASD. Además, es estudiante de Derecho en la misma institución.







Excelente articulo, en el que se trata un tema muy importante, la peligrosa cárcel mental.